La península ibérica se organiza en torno al macizo hespérico, o zócalo
   ibérico de origen herciniano, formado en el Paleozoico. El zócalo ibérico está
   compuesto por las raíces graníticas delas cordilleras que se formaron durante
   el Precámbrico. Este macizo es la raíz de la antigua cordillera, y forma el
   fondo de un geosinclinal que acumula materiales pizarrosos hasta el Silúrico,
   y calizos durante el Devónico y en el Cámbrico. Estos materiales sufren pro-
   cesos metamórficos para convertirse en gneis y granitos. Este geosinclinal
   pierde profundidad y se colmata. Durante la orogenia caledoniana la sedimen-
   tación se ve alterada, pero no del todo interrumpida.

        Durante la orogenia herciniana, a finales de la Era Paleozoica, los mate-
   riales acumulados emergen como una cordillera, con una dirección dominante No-
   roeste - Sudeste. La fase principal se produjo durante el Carbonífero. El ple-
   gamiento fue tan intenso que hubo fenómenos de vulcanismo y erupciones de ro-
   cas plutónicas, principalmente graníticas. Esta cordillera deja un profundo
   geosinclinal, el mar de Tetis, que le separa de la placa africana. Del otro
   lado otro geosinclinal, el de la cuenca central asturiana-Pirineos que le se-
   para de las formaciones europeas. Estos geosinclinales se colmatarán a partir
   del Mesozoico.

        El Mesozoico es una etapa de sedimentación. A comienzos de esta era la
   cordillera herciniana está totalmente arrasada y convertida en una penillanura.
   Durante todo el período tienen lugar movimientos epirogénicos y transgresiones
   y regresiones marinas. La penillanura queda fosilizada por los sedimentos que
   se depositan durante el Mesozoico. En las áreas cubiertas por mares de poca
   profundidad, los materiales que se depositan son finos: arenas, conglomerados,
   calizas y margas. En las zonas continentales los materiales son algo más grue-
   sos, pero los espesores son finos, ya que la pendiente es pequeña. Existen la-
   gunas estratigráficas, debido a los períodos de regresión y transgresión mari-
   na. Durante las etapas de regresión los materiales que se depositan son más
   groseros. Durante las de transgresión, en cambio, los materiales depositados
   son más finos: margas, arcillas, yesos, sales y calizas.

        La cobertera, a comienzos del Terciario, era muy potente, sobre todo en
   los grandes geosinclinales, que están casi colmatados. Aunque la mayor parte
   del Terciario es de calma tectónica, a mediados del mismo se produce la gran
   orogenia alpina, responsable de las grandes líneas del relieve actual en casi
   todo el mundo. La orogenia alpina tiene lugar por el desplazamiento hacia el
   norte de la placa africana, que comprime los materiales acumulados en los geo-
   sinclinales del mar de Tetis y la cuenca central asturiana. Tiene una dirección
   dominante NE-SO. La orogenia alpina es la responsable de las cordilleras y las
   cuencas interiores que tras ellas se forman: la Cordillera Cantábrica, los Pi-
   rineos y el Sistema Bético. También es responsable de las depresiones que sur-
   gen entre las cordilleras y el zócalo, como: la Depresión del Ebro y la Depre-
   sión Bética. Estas depresiones se irán colmatando con el tiempo, ya que al
   principio estarán ocupadas por el mar.

        Además, se rejuvenecen las antiguas cordilleras hercinianas por el levan-
   tamiento de los bloques fracturados, como los Montes de Toledo, el Sistema Cen-
   tral, el Sistema Ibérico, el Macizo Central Asturiano o los Montes Galaico-Leo-
   neses. Este rejuvenecimiento dará lugar a relieves apalachenses y, también, de
   horst y graben.

        Con la aparición de estos relieves, en el zócalo, se individualizan una
   serie de lagos interiores que acumularán margas, arcillas y calizas. Son dos
   los lagos importantes, uno al norte y otro al sur. Ambos se colmatarán en el
   Pontiense (Mioceno superior) con calizas. El del norte está algo más elevado
   que el del sur. Tras el fin de la orogenia, la península sufre una serie de re-
   ajustes epirogénicos que terminan por volcar el macizo hacia el oeste. Este
   vuelco permite que los lagos interiores se vacíen y se inicie una intensa ero-
   sión de los mismos. El lago norte sufrirá una mayor erosión, por estar más ele-
   vado. Además, los movimientos epirogénicos permiten la activación de fracturas,
   sobre las que surgirán relieves volcánicos.

        Durante el resto del Terciario y el Cuaternario la erosión continental es
   muy intensa, ocultando en parte los relieves alpinos. En este período se depo-
   sitan, en las zonas más bajas, potentes capas de derrubios continentales, que
   los tapan.

        Los movimientos epirogénicos postalpinos generan regresiones marinas que
   alejan la línea de la costa hasta los límites actuales, aproximadamente. La e-
   rosión cuaternaria retoca el conjunto de manera importante, sobre todo durante
   las glaciaciones. Se pueden observar, en las regiones montañosas, restos de e-
   rosión glaciar, distintos niveles de terrazas y derrubios fluviales, y en las
   costas distintas líneas de playa y plataformas de abrasión debidas a las re-
   gresiones marinas. 

        En resumen: el relieve peninsular se organiza en torno a un macizo herci-
   niano al que rodean relieves rejuvenecidos, cordilleras alpinas y depresiones
   interiores. En el centro de ese macizo se acumularon depósitos lacustres. Es-
   ta estructura organiza la red fluvial que tiene un peculiar régimen de alimen-
   tación. 

        Caso a parte es el de Canarias. Las islas Canarias es un archipiélago vol-
   cánico en plena placa africana. El origen de esa actividad volcánica es incier-
   to. Hay dos teorías: una que afirma que la actividad se debe a una falla trans-
   formante que tiene su origen en la dorsal oceánica mesoatlántica; y otra, la
   más aceptada, que se fundamenta en la teoría del punto caliente. De cualquier
   manera es un archipiélago muy reciente.